Capítulo XXXVII: Irrupción de los partidos de masas
Igual que la irrupción de los nacionalismos y regionalismos se gesta en nuestro país durante el último tercio del siglo XIX. Cuyo auge se impulsa por la aparición en escena de una próspera burguesía proveniente del desarrollo industrial de ciertas regiones: País Vasco, Cataluña, Asturias. La Revolución industrial, paralela al “Estado Liberal”, suscitó la cristalización de una nueva clase, el movimiento obrero. Quienes reivindicarán su derecho a participar en la vida política. Dando paso al “Estado democrático de derecho”.
Mostrándose como un elemento trascendental a valorar, para comprender nuestra política actual, el surgimiento de los partidos de masas, vinculados al referido colectivo: el proletariado.
Habiendo predominado hasta ese momento los partidos de notables o de cuadros. Cuyos miembros eran reclutados a razón de determinadas cualidades especiales: capacidad económica, prestigio social, influencia intelectual.
Los partidos de masas, en pro de su subsistencia, intensificarán sus esfuerzos hacia la masiva captación de afiliados. Entre los efectos adversos que este modelo ocasiona se englobarían la tendencia a la burocratización y a la profesionalización de sus dirigentes. Lo que desencadena su gradual distanciamiento de las bases.
Hacia finales del siglo XX los mencionados partidos de masas evolucionarán hacia el prototipo actual: “partidos atrapa-todo”. Denominados de esta forma porque su fin último es concitar el máximo número de apoyos en las urnas, para lo que diluyen su ideario y lo envuelven con axiomas universales, de fácil asimilación por el conjunto de la sociedad. Eludiendo identificarse excesivamente con segmento alguno, para no ser rechazados por el resto. Utilizando mensajes vagos, que sufren una constante transformación, atendiendo a los requerimientos de cada momento. (Leer más)
